Carlos

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FAMILIA EN EL DERECHO CHILENO ACTUAL

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Históricamente el Derecho ha reconocido una familia nuclear o conyugal -inclusive religiosa- que contempla al padre, la madre e hijos. Dejando de lado a un importante sector que no cumplía con tales presupuestos.

Así, bastante se ha escrito acerca de la evolución que ha tenido el Derecho de Familia, mucho de lo cual se ha referido a la familia matrimonial, pese a que también han sido muchos quiénes no pudieron ser parte de ella. Y los menos, no quisieron serlo.

Entonces, pese a que nuestra Constitución habla que la familia es el “núcleo fundamental” de la sociedad, criterio seguido por la actual Ley de Matrimonio Civil en su artículo 1º, no indica qué familia es aquella, si cualquier tipo o sólo la matrimonial.

Y sin lugar a dudas que los tradicionales principios del Derecho Matrimonial Chileno no sintonizan con la necesidad social de brindar protección y amparo jurídico a quiénes no sustentan su unión bajo el vínculo matrimonial.

Idea que hace ruido desde un tiempo, pero que en los últimos años se ha impuesto en nuestra sociedad.

Y que en la dogmática nacional ha tenido recepción tras la reforma constitucional de 1989, y la inserción de Chile en un ordenamiento internacional por medio de la ratificación de diversos instrumentos internacionales tales como la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Con todo, es menester volver a preguntarse ¿a qué tipo de Familia se refiere la Constitución?        Ciertamente que nuestra Carta Fundamental sólo habla de la Familia pero no del Matrimonio en sus incisos 2 y 5º artículo 1º. Y tampoco la historia fidedigna de la Ley pareciera ser del todo clara.

No obstante que, “la doctrina actual ha sido enfática en destacar que tal reconocimiento no sólo se refiere a la Familia nuclear, sino, por un concepto más amplio de la misma que incluiría también la Familia extendida -además de la figura intermedia de la Familia mono parental-, y aquellas ‘Uniones de Hecho’ que merecen reconocimiento o que nuestro ordenamiento, como reflejo de nuestra sociedad, está dispuesto a aceptar.” (Editorial Metropolitana. Serie Jurisprudencia: Derecho de Familia. Primera Parte. 1ª ed. Santiago, Chile, Metropolitana Ltda. 2010, p. 13).

El punto de inflexión, quizás, lo encontramos en el año 2004 con la aprobación de una Nueva Ley de Matrimonio Civil, Ley 19.947, y que de alguna manera quiso interpretar la Constitución, al declarar después de que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad que el matrimonio es la base principal de la familia.

Sin embargo, hoy debemos volver a preguntarnos: ¿en qué sentido debe entenderse el vocablo “Familia”?

Y para responder debemos tener presente que, el término ‘familia’ tiene una amplitud de significados que no sólo se refieren a las personas unidas por vínculo conyugal o de parentesco, sino más bien que, estamos ante una célula social o “comunidad protegida” por el Derecho, pese a sus diversas conformaciones.

Así, se ha escrito que “la familia es una institución social y, tomando como base sus finalidades, una unidad social, plural y compleja, no una simple reunión de unidades, de individualidades separadas o aisladas, por lo que debemos protegerla, atendiendo al interés superior de ésta y no enfrentar los intereses de cada uno de los integrantes, sino compatibilizarlos.” ( “La protección constitucional de la familia en América Latina”, publicado en IUS Revista del Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla, México, año VI, nº29,   enero – junio 2012, pp-60-76, ISSN 1870-2147. Disponible en internet.)

En consecuencia, del Derecho de Familia regional creemos posible concluir que, la evolución lógica y normal sufrida por esta rama se inclina por una aceptación de “estas nuevas formas de convivencia familiar, estas nuevas prácticas de cambios de sexo, de uniones de personas del mismo sexo, de unión de familias disgregadas para ser ensambladas; en fin, de toda la variedad que se nos va presentando, y a partir de ello llevar al texto constitucional o de la ley suprema de cada país, las bases fundamentales de la organización de la familia no en forma dispersa, asistemática, desordenada, sino en un capítulo especial en que se cuide la sistematización, el orden, la evolución, el respeto, la idiosincrasia, porque la familia debe estar en la Constitución, en la ley fundamental de cada país, en la norma internacional, porque si todo ser humano es esencialmente un ser social, y por tanto un ser familiar, porque la familia es la base de la sociedad y ésta es la base del Estado moderno, la Constitución, la norma de normas, debe proteger a la familia porque ella es para siempre con todos sus matices, con todos sus cambios, con todas sus evoluciones y sus involuciones.” (“La protección constitucional de la familia en América Latina”, Ob. Cit., página 76.).

Y, es en este nuevo estadio de desarrollo en el cual debemos insertarnos, un escenario de mayor amplitud, tolerancia e igualdad para quienes creen que su unión, no basada en el vínculo matrimonial, también merece ser regulada, protegida y amparada por el Derecho.


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