Carlos

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Relación Directa y Regular

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            La relación de los padres con sus hijos es fundamental si se quiere lograr el desarrollo armónico de los últimos, la estabilidad familiar y la perpetuación de las tradiciones como el fomento de los buenos hábitos.

El derecho en comento, llamado desde antaño visitas y en la actualidad derecho de comunicación por algunos, es sólo equivalente a la relación divina con él creador, ya que es personal y sin intermediación alguna.

El derecho se ha tornado de tal trascendencia, que actualmente se consagra a nivel internacional en diversas normas, destacando entre ellas, la Convención Sobre los Aspectos Civiles del Secuestro Internacional de Niños, que señala como una de sus finalidades la protección del derecho de visita; la Convención Interamericana Sobre Restitución Internacional de Menores que dispone: “Para los efectos de esta Convención: “El derecho a visita comprende la facultad de llevar al menor por un período limitado a un lugar diferente al de su residencia habitual.”; la Convención Sobre los Derechos del Niño que se refiere al derecho señalando que: “Los Estados Partes respetarán el derecho del niño, que esté separado de uno o ambos padres, a mantener relaciones personales y contacto directo con ambos padres de modo regular, salvo si ello es contrario al interés superior del niño.”, etc.

En el ámbito nacional, se consagra la relación directa y regular de una forma similar a lo que hemos visto, al indicar que: “El padre o madre que no tenga el cuidado personal del hijo tendrá el derecho y el deber de mantener con él una relación directa y regular, la que se ejercerá con la frecuencia y libertad acordada directamente con quien lo tiene a su cuidado según las convenciones a que se refiere el inciso primero del artículo 225 o, en su defecto, con las que el juez estimare conveniente para el hijo…”

Con la modificación introducida por la Ley 20.680 al Código Civil, se estableció con mayor precisión la orientación del régimen, al señalar que mediante esta relación se propende a que el vínculo familiar entre el padre o madre que no ejerce el cuidado personal y su hijo se mantenga a través de un contacto periódico y estable”, cuestión que no es más que la manifestación del espíritu de prolongación natural e invariable de la relación del progenitor y su hijo más allá del tiempo que duró su convivencia bajo el mismo techo, de forma de no alterar las rutinas que en virtud de la relación se autoimpusieron las partes.

La redacción actual del Código, nos refuerza la idea que el ejercicio del derecho y deber se estableció principalmente en función del beneficio para el hijo, reconociendo a este último, como un sujeto de derecho en las relaciones familiares.

               El Código también nos dice que: “El hijo tiene derecho a mantener una relación directa y regular con sus abuelos”.

Sin perjuicio de lo anterior, la Ley 16.618 dispone que: “El juez, luego de oír a los padres y a la persona que tenga el cuidado personal del menor, podrá conferir el derecho visitarlo a los parientes que individualice, en la forma y condiciones que determine, cuando aparezca de manifiesto la conveniencia para el menor; y podrá, asimismo, suprimirlo o restringirlo cuando pudiera perjudicar su bienestar.”

De lo expuesto se concluye que, podrán demandar el establecimiento del régimen comunicacional:

1.- El padre o madre que carece del cuidado personal del hijo;

2.- Los abuelos del mismo; y

3.- Demás ascendientes o hermanos.

Por último, podemos decir, que desde el punto de vista del niño, niña o adolescente, la relación directa y regular es su derecho a mantener contacto frecuente y sin intermediarios con su padre, madre, abuelos u otro pariente que no detente su cuidado personal sin más limitación que la derivada de su interés superior, interés que actualmente, dado los nuevos criterios de evaluación y ponderación incorporados en la ley, se va afianzando al interior de la familia.

Desde el punto de vista de sus padres, no sólo constituye un derecho, sino un deber, cuestión que sin embargo no se aplica a los demás parientes ya que respecto de ellos no se da el vínculo filiativo.

Carlos Garrido Chacana

Abogado

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